Las Torres Colón son uno de los ejemplos más representativos de arquitectura suspendida. Una muestra literal de que es posible comenzar “la casa por el tejado” y una obra de ingeniería que Lamela, fallecido en 2017, llevó a cabo junto con el despacho de Carlos Fernández Casado. Primero, se erigió un estrecho pilar central, rematado por una plataforma de hormigón como cúspide, y sobre la que se fueron colocando plantas hacia abajo, sujetas en parte por el pilar central y en parte por tirantes laterales, que incorporan unos cables de acero tensados en su interior, y que comprimen cada piso contra la cabeza. Durante la reforma que se llevó a cabo en los 90 se coronó con una cubierta art decó, el famoso “enchufe”, con la que se tapó la estructura de la escalera de incendios que abarca ambas torres.

Por su parte, la Asociación para la Protección de las Torres Colón considera que “su valor arquitectónico, del que su sistema estructural es parte indiscutible y esencial, además de su proyección nacional e internacional, merece ser reconocido como parte del patrimonio arquitectónico madrileño”.
El Consejo Regional de Patrimonio propone un grado de protección parcial que blinde “la estructura interna del inmueble”, una petición que se encuentra en fase de estudio por el Área de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento. Según El País, Mutua Madrileña ya ha asegurado que los trabajos no afectarán a los elementos estructurales más emblemáticos del edificio, y que el proyecto prevé mantener características como la estructura suspendida, los núcleos centrales, las cabezas de hormigón o los tirantes de los que penden las plantas. El mantenimiento del “enchufe”, pues, estaría en el aire. Entretanto, las torres permanecen vacías desde que, hace unos meses, los inquilinos de sus oficinas se mudaran en previsión del comienzo de la reforma.
Chamberí 30 días
1 comentarios