El Depositorio/Opinión

Arce

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Dentro de la Liga de los concejales extraordinarios que pastorea con una resignación cada vez menos disimulada la alcaldesa Carmena, destaca con fulgor propio la edil Rommy Arce. Entre los dudosos logros obtenidos por la mediática concejal, responsable de los distritos de Usera y Arganzuela, destaca una ejecución de las inversiones previstas en ambos barrios del 27% y el 25%, respectivamente, la huida de un Pleno por las protestas vecinales –y su regreso escoltada, ay, por la Policía Municipal– o su reprobación pública en Cibeles el pasado noviembre.  A estos se ha añadido recientemente su imputación por un delito de incitación al odio, a raíz de sus tweets tras los episodios de Lavapiés, donde falleció el mantero senegalés Mame Mbaye.

Pero en lo que Arce sí es un buen ejemplo para muchos es en su trayectoria vital. Nacida en Lima, llegó a España con 15 años, pasó penurias económicas y tuvo que emplearse en trabajos precarios para mantenerse y pagar una parte de sus estudios –la otra la sufragó el Estado con becas–. Hasta aquí, como tantos otros nacidos dentro o fuera. Pese a las dificultades, se sacó una carrera, una diplomatura en Documentación y un máster. No sólo eso: aprobó unas oposiciones y trabaja como bibliotecaria de la Universidad Complutense, es sindicalista y en 2015 se convirtió en la primera concejal migrante del Ayuntamiento.

Todo un ejemplo de superación, pero también algo más. Su vida, desde sus inicios como inmigrante sin papeles, es el ejemplo que contradice todo lo que critica en su discurso. Arce señala también a las «políticas migratorias racistas» y a la «xenofobia institucional», que «levanta fronteras interiores y exteriores» o a las «persecuciones policiales» como «causa de la muerte» (sic) de Mame. Por supuesto, no hay un solo indicio de que el fallecimiento del senegalés se produjera tras una persecución y sí de que el mantero padecía una afección congénita que desembocó en un infarto. Pero la primera concejal migrante prefiere soslayar esta parte, y unir la muerte del senegalés a la de Lucrecia Pérez, asesinada vilmente a tiros hace 26 años. Así es como Arce entiende la defensa de los derechos de los inmigrantes: usando torticeramente tanto la muerte de uno como el recuerdo de una verdadera víctima del odio.

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