Editoriales/Opinión

La telaraña de los carriles bici

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Parece que los chamberileros van a tener que irse acostumbrando a los carriles bici durante una buena temporada. No tanto a su progresiva implantación en las calles como, al menos de momento, a su permanencia en la actualidad informativa y en los debates vecinales. Ya sea para jalearlos –por modernos y poco contaminantes– o para denostarlos –por peligrosos e inutilizados–.

La construcción de las primeras infraestructuras de este tipo en la zona de Bulevares y Santa Engracia marcó el inicio de la apuesta municipal por la movilidad ciclista en estas calles, pero habrá más capítulos. De cumplirse todas las promesas que ha adelantado el equipo de gobierno, y algunas de las iniciativas vecinales actualmente en liza, nuestro distrito podría verse traspasado en un indeterminado plazo de tiempo por carriles bici en: Santa Engracia, Alberto Aguilera, Carranza, Sagasta, Génova, José Abascal, Arapiles, Islas Filipinas, Paseo de la Castellana, San Francisco de Sales, Princesa, Bravo Murillo, Eloy Gonzalo y General Martínez Campos. Algunos de ellos serían además segregados, pese a las críticas de una parte de los colectivos ciclistas, que consideran que integrar las bicicletas en el tráfico de la ciudad resulta más beneficioso para la normalización de este tipo de vehículos, además de evitar un aumento del peligro en los desplazamientos laterales.

En el caso de que el equipo de gobierno municipal llegue a ejecutar estos planes no habrá un solo distrito en Madrid que vaya a cambiar su ordenación circulatoria como lo hará Chamberí. Unos planes para los que cuenta con el apoyo de un buen número de vecinos, como demuestran la continuas propuestas de ampliación de espacios para los peatones y las bicicletas en los Presupuestos Participativos; pero que también han comenzado a chocar con la opinión de otros, igualmente vecinos, que se han organizado y a un paso han estado de dejar en evidencia un sistema de participación cuyos resultados, normalmente en línea con los intereses del Consistorio, empiezan a chirriar. Por esta vez, paradójicamente, el “comodín Montoro” ha venido en auxilio del equipo de Carmena para desestimar una propuesta que, en caso de recabar los suficientes votos, hubiera significado un misil a la línea de flotación de las políticas de Ahora Madrid.

El compromiso municipal para ejecutar todo aquello que los vecinos aprueben en los Presupuestos Participativos podría llevar incluso al absurdo de que al mismo tiempo se tenga que ejecutar un carril bici y desmontar otro. Por lo acontecido en otras ediciones, para que la propuesta saliera adelante bastaría con que reuniese apoyos suficientes y poco más de 300 votos, como ha ocurrido con el kilómetro de carril planteado ahora para la calle de José Abascal –‘Atascal’, para los detractores–. Salvo, claro está, que los estudios de viabilidad digan lo contrario y rechacen oportuna y muy argumentadamente cualquier proposición incómoda antes de que pueda votarse. Por el momento, la reversión de Galileo se ha colado en la siguiente fase. Habrá que ver cómo resulta.

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