Editoriales/Opinión

Verano de obras, cuentas y bulla

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Pasó el mes de agosto y regresó la actividad municipal a Chamberí. Y lo hizo con bronca –una más– en el Salón de Plenos de la Junta Municipal. Esta vez a cuenta de unas preguntas que los vecinos registraron –dentro o fuera de plazo, según se escoja la versión vecinal o la oficial, y de cómo se contabilicen los días preceptivos para dicho registro– y que quedaron en el aire sin nadie que las respondiese.

Poca cintura –y excesivamente reglamentarista– por parte del autodenominado gobierno de la participación y de la apertura de los salones de decisión  a la ciudadanía; aunque, probablemente, también exagerados tanto la puesta en escena como los ripiosos pareados de los vecinos hartos. Entre las preguntas formuladas y no contestadas, los vecinos interrogaban sobre el coste y la evaluación prometida del experimento en DEspacio Galileo, la gestión del huerto urbano en el parque de Enrique Herreros o en qué estado se encuentra en el distrito la anunciada a bombo y platillo “operación asfalto”.

El verano también nos dejó la aprobación tardía de un magro Presupuesto para las arcas chamberileras –15,7 millones de euros– y unas inversiones territorializadas cuya cuantía se llevará mayoritariamente la reforma y acondicionamiento del Frontón Beti Jai. Una pequeña parte se destinará también a la construcción de la ansiada piscina cubierta del Parque Móvil, si bien no será hasta los próximos tres años cuando la instalación deportiva comience a hacerse realidad y suponga un peso importante en las cuentas municipales. Habrá que esperar.

Bastante menos tendremos que aguardar para ver cómo queda la nueva Plaza de Olavide, cuyos trabajos comenzaron hace unos días en el entorno de las seis calles implicadas, que serán remodeladas para facilitar el tránsito peatonal y el acceso de los vehículos de emergencia, un extremo que inexplicablemente no se garantizaba con la configuración actual. Además de en Olavide, las obras han llegado estos días al jardín de San José de Calasanz, con el objetivo de que en seis meses los vecinos puedan disfrutar de una plaza “más segura, transitable y accesible”.

Y es que mucho tiene que mejorar el distrito en una accesibilidad que “brilla por su ausencia”, según denunciaba hace unas semanas la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Famma), que ha elaborado un informe en el que registra hasta 800 barreras arquitectónicas para personas mayores o con movilidad reducida.

Hubo más anuncios en verano, como el del delegado del Área de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, revelando la intención de expropiar la icónica Casa de Aleixandre para convertirla en un centro de interpretación poética, lo que ha ocasionado la indignación de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre, que siempre ha apostado por que el inmueble se convirtiera en la Casa de la Poesía. Confiamos en que el duro comunicado emitido por la Asociación, muy crítico tanto con la actuación municipal como con el sorprendente anuncio, haga recapacitar a sus responsables, y que todas las partes implicadas se reúnan para decidir el mejor destino a unos muros que son historia de la literatura española del siglo XX.

Y todo esto sin terminar aún el verano.

 

 

 

 

 

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