Editoriales/Opinión

Final de legislatura: ¿era esto?

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Termina la legislatura que acabó con 24 años de gobiernos municipales del Partido Popular, y lo hace entre la incertidumbre y el estupor. El próximo 26 de mayo, la única aspirante que repetirá candidatura será la de la cuarta fuerza política en la capital, además de la alcaldesa, aunque ésta lo hará desde una formación distinta a la que le aupó al Palacio de Cibeles.

Cuatro años después, la campaña que se avecina nada tendrá que ver con aquella que se valió de una candidata empática y una oleada de entusiasmo para obtener unos resultados ajustados pero suficientes para acercarse al partido hegemónico desde hacía décadas, y que gozó además del apoyo gratuito e inmediato de un PSOE vapuleado por la “nueva política”. Hoy, Ahora Madrid se ha desgajado en lo orgánico, como de hecho había venido demostrando durante toda la legislatura, donde el comportamiento y las declaraciones de sus concejales “díscolos” fueron una oposición en ocasiones más dura que la de la propia bancada de enfrente.

En cualquier caso, pase lo que pase a partir de mayo, finaliza una legislatura en la que muchos habían puesto muchas esperanzas, y toca hacer balance. Y eso es lo que hacemos en este número, con la colaboración de los representantes de todos los grupos municipales y de la asociación vecinal más veterana del distrito. Un balance en el que, como no podía ser de otra forma, gobierno y oposición dibujan dos escenarios completamente diferentes acerca de la labor municipal en estos cuatro años.

Sería injusto decir que en este tiempo no se hizo nada de relieve en Chamberí, porque el distrito ha apostado fuerte por algunas de las propuestas más características de la formación –en especial, aquellas que tienen que ver con la movilidad o la recuperación de espacios–, además de reactivar proyectos anquilosados, como la recuperación del Beti Jai o del Estadio Vallehermoso. No obstante, la actuación ha dejado un sabor agridulce, resultando lenta y titubeante en los grandes proyectos, y polémica y desordenada en los pequeños; la gestión ha pecado de la ineficacia que acarrea la inexperiencia; no se ha conseguido reducir la gran lacra de la suciedad de las calles; se ha anunciado mucho más de lo que se ha ejecutado y se ha usado el comodín de la participación –una participación sin quórums y con frecuencia dirigida– para refrendar unas iniciativas que encajaban con el programa político del equipo de gobierno. ¿O acaso alguien puede sostener que un distrito donde el PP sacó más de 20 puntos a Ahora Madrid se ha lanzado de buenas a primeras a respaldar la política de éste?

En definitiva, ha sido una legislatura con sus luces y sus sombras, que ha traído la higiénica y democrática costumbre de la alternancia pero que, sobre todo, deja una pregunta en el aire: después de casi cinco lustros, ¿era esto lo que esperaba la ciudadanía?

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