El Depositorio/Opinión

El ‘Scattergories’ de Carmena

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Tuvo cierta fama, hace un par de décadas, aquel anuncio de un juego de mesa en el que el taimado propietario retorcía las reglas a su antojo, bajo la amenaza de clausurar la partida. «Es mi Scattergories y me lo llevo», era la frase del susodicho, que causó furor durante los 90. Y precisamente un Scattergories es lo que ha puesto sobre la mesa de Cibeles la alcaldesa Manuela Carmena durante una reciente entrevista, en la que ha asegurado que “por supuesto que no” tiene previsto mantenerse como jefa de la oposición en caso de que pierda las próximas elecciones.

“Rotundamente, no”, ha añadido la nueva instagrammer municipal, que ha argumentado la decisión en tanto que su situación, su edad –habrá cumplido 75 años cuando se celebren los comicios– o su experiencia pueden servir para continuar con su proyecto en el Ayuntamiento, mandando, pero no proponiendo, ni fiscalizando el proceder de otros. El resto de partidos habrá podido tomar nota de la importancia que la alcaldesa otorga a la labor de la oposición, pero sobre todo lo habrán hecho aquellos votantes que saben ahora que su voto por Carmena sólo tendrá validez en caso de que consiga mantener la alcaldía; y que, de lo contrario, tanto su situación, como su edad o su experiencia justificarán su mutis del foro. Quizá crea la alcaldesa que los votos que emiten los madrileños son al portador.

Vaya, no obstante, en su descargo, que cuando Manuela Carmena ganó las elecciones contaba con 10 años más que los que tenía Tierno Galván cuando venció en las suyas primeras. En las que, por cierto, tampoco gozó del voto mayoritario de los madrileños. Pero resulta ventajista que la edad sea un valor en la victoria y una excusa en la hipotética derrota.

Por otro lado, tampoco hace falta echar mano de referencias lúdicas o deportivas para advertir que quedarte cuando ganas la partida, e irte cuando la pierdes, está feo. Peor cuando piensas que cada voto incorpora en cierta medida un compromiso con el votante, que no puede anularse por el hecho de que el que vaya a manejar el presupuesto sea otro. Salvo que Carmena piense que únicamente puede ayudar a mejorar la ciudad desde el sillón consistorial, que igual esto muy demócrata tampoco es.

En definitiva, la alcaldesa ha dicho a los madrileños que «barco» es «animal acuático», y si no, amenaza con recoger el juego. Veremos si los madrileños lo aceptan, o se lleva en las urnas la del –comenzando por P– «animal de compañía».

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