Editoriales/Opinión

Madrid Central inicia la precampaña

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En unos días el Gobierno municipal pondrá en marcha la que probablemente sea la medida estrella de la legislatura, con la que pretende eliminar el tráfico de paso en 472 hectáreas del centro de la ciudad, en cuyo interior dejará de haber calles de libre circulación. Madrid Central entrará en vigor el próximo 30 de noviembre, salvo que prospere la demanda interpuesta por el Grupo Municipal Popular y un juez opte por paralizar una actuación que Ahora Madrid ya ha aplazado hasta en cuatro ocasiones: un titubeo que da cuenta de hasta qué punto es consciente el Gobierno de lo que se juega en el envite, por más que exponga que la medida se apoya en normativas europeas y recomendaciones sanitarias de obligado cumplimiento.

Más allá de la necesidad de mejorar la calidad del aire de una ciudad contaminada, y de las posibles objeciones que se le puedan poner a la actuación, cabe contextualizar la polémica dentro del momento en que entrará en vigor. El decreto de activación de Madrid Central ha significado el inicio de facto de la precampaña de unas elecciones municipales y regionales que se presentan muy reñidas, lo que vicia cualquier debate y aleja un entendimiento tan deseable como exigible.

A nadie le cabe duda de que Madrid Central sólo funcionará si se lleva a cabo el correspondiente refuerzo en el transporte público. Un refuerzo que se ha negado a negociar en la mesa del Consorcio Regional de Transportes el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, que incluso ha amagado con acudir a los tribunales si el Consistorio no le aporta toda la documentación del proyecto. Garrido se ha apresurado a decir que en ningún caso “blanqueará” la actuación municipal, y días después, ha añadido que el requerimiento no es ningún “ultimátum” y que las relaciones con el Ayuntamiento están  “quizá en el mejor momento de su historia”.

Por otra parte, casi todas las fuerzas políticas y vecinales coinciden en que Chamberí será el distrito que se lleve la peor parte con la entrada en vigor de Madrid Central, que traerá más atascos, ruido y contaminación a sus barrios limítrofes. Al menos en un primer momento. El Ayuntamiento y algunos colectivos se agarran al vaticinio de una mejoría a medio plazo para calmar las inquietudes de unos vecinos que han visto cómo en estos tres años y medio sus calles se han convertido en el laboratorio de una nueva movilidad que, hasta ahora, no ha dado grandes frutos en cuanto al calmado del tráfico o la rebaja de la contaminación.

Para terminar de confirmar hasta qué punto Madrid Central se examina ya en clave electoral por nuestros representantes políticos, el portavoz popular en el Ayuntamiento, José Luis Martínez Almeida, ha declarado que, si es elegido alcalde, revertirá la actuación. Ya lo dijo también de los carriles-bici en Bulevares. Una medida que sin duda aplaudiría su parroquia. Y si, cuatro años después, el PP cediera de nuevo la alcaldía, quien ganase podría volver a implantarla. Así nos iríamos entreteniendo mientras llega alguien que consiga un acuerdo estable para mejorar la vida de todos los madrileños.

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