Reportajes

Tras las huellas de Gutiérrez Soto en Chamberí

Considerado el arquitecto de la alta sociedad y uno de los máximos exponentes del racionalismo del siglo XX, Luis Gutiérrez Soto (Madrid, 1900-ib. 1977) acumula en su portfolio más de una decena de cines ––el Barceló, el Callao o el Europa, entre ellos– junto a obras historicistas como el Ministerio del Aire y construcciones en altura como la Torre del Retiro o el edificio de la Unión y el Fénix en el Paseo de la Castellana. Sin embargo, fue a la arquitectura doméstica a la que dedicó la mayor parte de su vida, adoptando diferentes estilos y adaptándose a los gustos y tendencias de su clientela, fundamentalmente la alta burguesía e inmobiliarias particulares.

Unos 400 de los 650 proyectos a los que puso su firma se ubicaron en Madrid, fundamentalmente en el Barrio de Salamanca y en Chamberí, donde pueden localizarse entre 40 y 50 edificios obra suya. Varios de ellos sirven hoy para identificar algunas de las novedades técnicas que introdujo en la arquitectura residencial, y que han quedado consolidadas desde entonces.

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Edificio en Espronceda, 35, esquina a Fernández de la Hoz.

En la calle de Espronceda, 35 se encuentra una de las primeras obras (1930) de un Gutiérrez Soto en plena influencia expresionista –el inmueble recuerda a sus primeros proyectos de cines–, donde destacan un singular interés por la línea curva y el estudio de los huecos. Son viviendas de lujo que comienzan a realzar una zona que hasta entonces estaba rodeada de casas más modestas y en las que el arquitecto proyecta ya “las características terrazas que luego definirían su obra, aunque aquí no llegan a realizarse” explica el volumen Arquitectura de Madrid. Ensanches, del Ayuntamiento de Madrid.

Sería poco después, en la calle de Almagro, 26 –con vuelta a Zurbarán– cuando Gutiérrez Soto plasmara ya una de sus creaciones más características: la terraza jardín, que aparece por primera vez en este edificio, proyectado e iniciado en 1935 y terminado tras la Guerra Civil. El invento trasciende el balcón –más castizo, heredero de la corrala, cuya función es la de mirar–, para crear un ámbito estancial, un lugar para vivir.

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Almagro, 26, donde Soto diseñó las primeras terrazas jardín de la capital. Foto: Luis García (CC).

El inmueble se asienta sobre un solar irregular perfectamente resuelto en las viviendas, y cuenta con dos fachadas diferentes. Pese a que la mayoría de las terrazas están hoy en día muy transformadas, el proyecto configuró una tipología de fachadas de enorme éxito que se reprodujo infinidad de veces en las siguientes décadas.

El arquitecto firma otros edificios en la zona, desde el muy vistoso de Zurbano, 30, esquina a Zurbarán, a otro menor en el número 39 de Monte Esquinza, o una gran edificación sin estilo definido en Zurbano con Eduardo Dato.

De la terraza al patio a fachada

Todos ellos antes de llegar a otro inmueble destacado, entre los números 2 y 6 de la calle de Miguel Ángel. Un edificio de la misma época del de Almagro, y que se acogió a la llamada “ley Salmón” de preguerra, una ley prevista para dar solución urgente al problema del paro y proporcionar viviendas de baja renta. La solución, “realmente modélica” pese a los condicionantes impuestos para este tipo de pisos protegidos, tiene como mayor acierto la audaz apertura del patio a fachada, otro “invento” de Soto con el que da la vuelta al patio de luces, permitiendo un gran porcentaje de viviendas exteriores –12 de las 14 que hay en cada planta ven la calle–. También destacan los corredores del patio, los portales y unos miradores poligonales de ladrillo visto, las denominadas bow windows también usadas profusamente por el autor.

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Calle de Miguel Ángel, 2 y 6.

No muy lejos se encuentran las viviendas que diseñó para la Constructora Pedreña, en Bretón de los Herreros, 55 y 57. Tres edificios cuyo primer proyecto es de 1949 y que “representan la arquitectura de los años 50 en Madrid, saliendo de la evolución de la arquitectura imperial de la posguerra”, de la que Soto tiene también algún ejemplo, como el inmueble donde vivió Gregorio Marañón, en la plaza homónima–. Aquí el arquitecto recupera el ladrillo de los años 30 y, aunque reduce tanto las terrazas como su característico patio a fachada, logra “en su sencillez uno de sus conjuntos de viviendas más logrados”, en un solar donde anteriormente había unas pistas de tenis.

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Bretón de los Herreros, 55 y 57.

De esta época también es uno de sus proyectos de mayores dimensiones, como es el conjunto de edificios para la Sociedad Vallehermoso, que ocupan más de dos manzanas entre esta calle y las de Rodríguez San Pedro, Arapiles, Fernando el Católico y la Plaza del Conde de Valle Suchil. Una macroactuación urbana donde Soto, junto a José Antonio Domínguez Salazar, “partiendo del modelo de la Casa de las Flores, aunque con una ocupación más intensiva del suelo, imponen el estilo de la vivienda burguesa de los años 50 y 60, a base de fachadas sencillas en ladrillo visto, terrazas y una cuidada distribución exterior”. Las obras finalizaron en 1967 y fueron uno de los últimos trabajos que Gutiérrez Soto llevó a cabo en el distrito.

David Álvarez

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