Cultura

Fortunata y Jacinta reviven por los 175 años del nacimiento de Galdós

La Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid ha organizado un homenaje por el 175 aniversario del nacimiento de Benito Pérez Galdós, con siete recorridos por los barrios madrileños que sirven de escenario a una de sus obras cumbre, Fortunata y Jacinta.

Francisco Juez, doctor en Geografía e Historia, hizo de guía en los siete itinerarios, aportando la base histórica de la novela, los datos imaginarios, pero verosímiles, y los errores o licencias del escritor. El quinto itinerario estaba dedicado a Chamberí, donde el célebre escritor tuvo su domicilio. Francisco Juez sitúa el periodo histórico de la novela, mientras le rodea la comitiva, al comenzar la calle de Santa Engracia: “La acción de ‘Fortunata y Jacinta’ sucede entre 1869 y 1876, aunque se publica en 1887. Hemos comenzado el recorrido en el Madrid histórico, en la Plaza de Santa Bárbara, para dirigirnos a la zona del Ensanche. A principios del siglo XIX Chamberí estaba formado por construcciones anárquicas, sin ningún trazado oficial. En 1860 se derriba la cerca que delimitaba la ciudad, y Carlos María de Castro lo incluye en la organización urbana del Ensanche norte. Durante ese periodo era un barrio obrero e industrial. Y no será hasta el siglo XX que pasará a convertirse en barrio burgués, según se va desplazando a la clase obrera e inmigrante hacia Cuatro Caminos”.

La parroquia, el convento y la casa

Francisco Juez intercala explicaciones históricas y arquitectónicas con lecturas de la novela. Relata que la primera alusión que hay de Chamberí en el libro es tras la boda de Jacinta y Juanito Santa Cruz. El padre de éste comenta el paseo que hacen los novios por Francia e Italia, mientras él y su esposa, cuando se casaron, no fueron ni a conocer Chamberí.

Galdos Olavide

El itinerario llevó a los asistentes por diversos lugares del distrito, como la Plaza de Olavide.

Un escenario importante es el Paseo –hoy calle– de Luchana, que ya se había planeado como un bulevar arbolado en el mapa de Carlos Ibáñez de Íbero. Maxi pasea varias veces por esta zona, hasta la calle de Garcilaso. La tía de Maxi, Guadalupe o Doña Lupe, compara las diferencias entre Chamberí y Lavapiés: “Aquella noche se fueron a variedades […] se puede ir de noche a un espectáculo sin hacer caminatas de media legua ni coger tranvía”. Respecto al tranvía, Juez comenta que todavía no existía en ese momento, y que es uno de los pocos errores históricos del escritor. “Hasta 1871 no se puso el primer tranvía de mulas, que iba desde el barrio de Salamanca a Pozas (Sol). Fue construido por el Marqués de Salamanca, para que la gente del centro se trasladara a comprar allí”, añade el guía.

Fortunata y Maxi se casan en la Parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel. Maxi describe una cruz de hierro que hay en el atrio y que aún sigue ahí. A escasas calles está la casa que compra Maxi para la pareja, en el cruce de las calles de Sagunto y Castillo. Aunque ninguno de los edificios de la época se conserva. Maxi le habla de la casa a Fortunata, que está encerrada en el convento: “Contóle un día que ya tenía tomada la casa, un cuarto precioso en la calle Sagunto, cerca de su tía […] Charlaron otro día de la casa, que era preciosa, con vistas muy buenas. Como que del balcón del gabinete se alcanzaba a ver un poquito del Depósito de Aguas; papeles nuevos, alcoba estucada, calle tranquila, poca vecindad, dos cuartos en casa piso, y sólo había principal y segundo. A tantas ventajas se unía la de estar todo muy a mano: debajo carbonería, a cuatro pasos carnicería, y en la esquina próxima tienda de ultramarinos”. Después de la boda con Maxi, vuelve a aparecer Juanito en la vida de Fortunata, y Maxi se entera y se pelean. Maxi ve el coche de Juanito pasar por Raimundo Lulio, y se imagina que va a pasar por delante de su casa para ver a Fortunata. Va corriendo detrás y “Fortunata en el balcón, mirando por la calle del Castillo hacia el Paseo de la Habana… (hoy Eloy Gonzalo)”. Sube deprisa las escaleras y dice que “para ser celoso hay que tener buenos pulmones”. Doña Lupe vive en la calle de Raimundo Lulio, donde pasa también un tiempo Fortunata, y cuenta que aquella se sentaba en una sillita en el balcón a coser “…y por entre las secas ramas veía la calle. Como el cuarto era principal, desde aquel sitio se vería muy bien pasar gente en caso de que la gente quisiese pasar por allí. Pero la calle de Raimundo Lulio y la de Don Juan de Austria, que hace ángulo con ella, son de muy poco tránsito. Parece aquello un pueblo”.

La visita a los escenarios chamberileros de Fortunata y Jacinta termina en el cruce de la calle de Alburquerque con la de Palafox, donde estaba el asilo provisional de Guillermina Pacheco. Había muchos centros píos en la zona, porque los terrenos del Ensanche eran baratos y había mucho espacio. Aunque el de Guillermina no existió en realidad es muy creíble. “Con que ya ven ustedes cómo así, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre mi asilo el pan de cada día. La suscripción fija creció tanto que al año pude tomar la casa de la calle Alburquerque, que tiene un gran patio y mucho desahogo”.

Antes de que empiece una de las tantas tormentas de estos días, termina el recorrido, y el guía se despide de los asistentes con la intención de haber animado a rescatar una de las joyas literarias del XIX, para después reconocer en la ciudad los escenarios de la novela. “Es una manera de honrar a nuestros clásicos y mantener viva la literatura”.

Laura Conde

 

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