Editoriales/Opinión

Precaución, enemigo conductor

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Conviene recordar en estas fechas aquella rumba con fandango que inmortalizó Perlita de Huelva a propósito del éxodo estival. Hoy sería difícil hallar a alguien que considerase “amigos” a los conductores, y, desde luego, ninguno se encontraría en el Palacio de Cibeles ni en la Junta de Chamberí.

Viene esto a cuenta de los experimentos de movilidad y recuperación del espacio público que en las últimas semanas se están llevando a cabo en calles como Vallehermoso o Galileo. Detrás de estos proyectos subyace lo que eufemísticamente se define como “desincentivar tráficos de paso” y que, en realidad, quiere decir: “Vamos a ponerte todos los obstáculos posibles para que te canses y dejes el coche en casa. O, al menos, para que no pases por aquí”.

Es un pulso interesante –aunque de incierto resultado– y que se lleva a cabo en pro de los residentes en el distrito. Eso dicen. Lo malo es que mientras se va convenciendo a los conductores “de paso” de que no circulen por estas calles, los atascos se amplían, se prolongan y los sufren, principalmente –vaya–, los propios vecinos. Un poco de paciencia pues: cuando esos testarudos conductores desistan y lleven sus vehículos a atascar otros distritos, los chamberileros vivirán en una Arcadia circulatoria repleta de plazas para residentes y calles semipeatonalizadas.

Porque esa es otra. Igual que los madrileños de Carlos III lloraban cuando se les lavaba la cara, los de Manuela Carmena protestan cuando se les corta una calle por su bien. Que se haga sin previo aviso y sin el mínimo consenso es accesorio, y que la iniciativa la haya decidido una empresa basándose en el voto favorable de 25 ciudadanos, un tema baladí. Que la principal asociación vecinal critique la medida, recoja un millar y medio de firmas en su contra, y los vecinos afectados se movilicen para revertir el experimento no parece relevante. Tampoco que 37 de los 57 concejales del Ayuntamiento pidan anular el proyecto.

Pero, saben, todo eso daría igual –al fin y al cabo, y como dice la alcaldesa, el gobierno municipal “no es una asamblea”, por más que lo quisieran muchos de sus acólitos– si el Ayuntamiento hubiera salido a decir “éste es nuestro modelo de movilidad, el que creemos más eficaz, y por ello estamos en la obligación de llevarlo a cabo, con o sin apoyos, y pese a que al principio pueda no entenderse”. Pero no: pretende avalar la decisión como resultado de un proceso participativo, y se rebela si se les compara el valor de esos 25 votos con el de las 1.500 firmas de afectados, o con la mayoría absoluta de representantes municipales que han vapuleado la medida. Así que no, alcaldesa Carmena, concejal García Castaño. Digan que lo hacen porque piensan que la medida mejorará el barrio, pero no endilguen encima la responsabilidad a quien ya ha mostrado su desacuerdo. Y suerte con el pulso.

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