Entrevistas

Julio López, presidente de El Organillo: “Las medidas aisladas en movilidad sólo conducen al cabreo”

El principal referente vecinal de Chamberí cumple estos días el 40 aniversario desde su legalización, aunque en realidad comenzó a funcionar dos años antes como gestora. La demolición del Mercado de Olavide y la posterior reforma de la plaza fueron las mechas que prendieron aquellas primeras reivindicaciones en plena Transición. Cuatro décadas después, El Organillo sigue al pie del cañón en un barrio “extraordinario”, pero con carencias y problemas enquistados. De todos ellos nos ha hablado su presidente.

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Julio López, presidente de la Asociación Vecinal El Organillo.

¿Cómo ha cambiado el distrito desde aquel 1977?

Chamberí es un distrito muy consolidado, el origen de su movimiento vecinal no tiene que ver con el de otros barrios que en aquel tiempo se estaban construyendo, pero algo sí ha cambiado. Éste es un barrio eminentemente castizo, con comercio tradicional, aunque se ha perdido mucho. El tráfico también ha cambiado, ahora hay muchos problemas con esto, al igual que con el ocio nocturno. También tiene una población muy envejecida. Hay gente joven, por la cercanía de colegios mayores y universidades, pero está de paso.

¿Cuáles son los principales problemas que sufre Chamberí?

Fundamentalmente, el tráfico y el ocio nocturno, además de la falta de dotaciones municipales.

¿Qué le parecen las medidas que está tomando el Ayuntamiento en cuanto a movilidad?

No está siendo del todo valiente, y decisiones que pudieran ser positivas, como el carril bici de Santa Engracia, se toman de forma aislada, sin información ni consenso, y parecen una mala medida. Planteas una solución y lo que tienes es un problema. Por otro lado, no puedes cortar el acceso en el centro si sigues dejando entrar todo el tráfico a Madrid. Habría que sentarse con el resto de Administraciones y acordar un plan global de movilidad, porque las actuaciones sueltas sólo conducen al cabreo.

¿Cómo se atajan los problemas que ocasiona el ocio nocturno?

Se atajan regulando. Chamberí es muy tranquilo para vivir… salvo de jueves a domingo, donde en algunas zonas es terrible. La Mesa del Ocio se ha sentado por primera vez en muchos años, y se ha llegado a algunos acuerdos, pero son pasos insuficientes. Nos consta que la Policía Municipal hace todo lo que puede, pero faltan refuerzos e inversión para que se cumpla la ordenanza. Ahora Gaztambide se va a declarar Zona de Especial Protección Acústica, que esperemos solucione algo. Además, hay un problema añadido, como son las tiendas de conveniencia, que abren casi 24 horas.

Háblenos de la escasez de dotaciones y zonas verdes…

Éste ha sido uno de los principales problemas de Chamberí, que es el distrito con menos zonas verdes de Madrid. Es un barrio extraordinario, con carencias que te sorprenden. En cuanto a dotaciones, acabamos de perder una oportunidad histórica con la entrega del palacete de Alberto Aguilera a la Embajada de México. Aquí no hay bibliotecas municipales, no hay una escuela de música, y ése era un espacio ideal. Es increíble que un distrito con 140.000 habitantes sólo tenga un centro cultural. En su momento, al alcalde Gallardón le arrancamos un compromiso para crear allí una escuela de música –aunque luego anunció que se lo daría al Instituto Camoes–, y ahora hemos perdido esa oportunidad, por una decisión unilateral de la alcaldesa.

Desde la concejalía lo ven como un logro…

La llegada de la Casa de México es una buena noticia, pero no en Chamberí, donde no hay dotaciones. Además, la medida se ha tomado saltándose los acuerdos del Pleno, lo cual es un mal precedente. Igual ocurre con el frontón Beti-Jai. No sabemos qué va a pasar con él, con el agravante de que se instrumentalizó al tejido social, diciéndonos que entre todos pensaríamos qué hacer, cuando ya estaba todo prácticamente planeado. Se intentó legitimar un proceso, pero no hubo una participación efectiva.

¿Cómo ven la idea de revitalizar culturalmente el distrito? ¿Por qué no se ha promovido, por ejemplo, un Chamberí literario?

El potencial cultural es inmenso: hay tres teatros públicos, aquí han vivido dos premios Nobel, el barrio ha tenido relación con Lorca, Valle-Inclán, Galdós… hay un componente cultural desaprovechado. Puede ser un punto de interés turístico fundamental, sin necesidad de mucha inversión. En ese sentido, la decisión de salvar la Casa de Vicente Aleixandre es una gran noticia, pero no debería quedarse ahí.

Otro problema atascado: las Cocheras de Cuatro Caminos.

Es un tema complicado. El Ayuntamiento está indefinido, tiene que saber qué quiere hacer ahí, si le quiere dar protección o no. Nosotros apostamos por que haya compatibilidad entre el derecho de los cooperativistas y el espacio dotacional que se va a hacer. Los vecinos tenemos derecho a que ahí haya dotaciones, que se harán siempre y cuando el proyecto salga adelante. Para ello es obligatorio que Metro, Comunidad y Ayuntamiento tengan voluntad de negociar, no de poner palos en las ruedas. La otra opción es que no se acuerde nada, se devuelva el dinero y la zona se quede así. Eso no lo quiere nadie.

¿Cómo califica la gestión de Ahora Madrid en Chamberí?

Hay claroscuros. Ha cambiado el trato, y eso es de agradecer. En dos años nos hemos reunido con el concejal más que en los ocho anteriores. Luego hay cosas, como la política urbanística, que está siendo continuidad de la anterior. La valoración habrá que hacerla al final, pero hay avances en algunos casos –tema ruidos, pequeñas mejoras en limpieza– y frenazos, improvisaciones que no nos terminan de convencer.

¿Qué piensa de las nuevas fórmulas de participación?

Somos en principio optimistas con todo lo que sea participar, pero entendemos la participación como algo que va de abajo a arriba, no al revés: si me dicen dónde, a qué hora y con quién me junto, eso ya es dirigismo. Tampoco estamos de acuerdo con que se estén haciendo contratos menores para dinamizar la participación, en algunos casos nos hemos sentido ninguneados en ese aspecto. En España no hay educación para la participación, y de repente surge una burbuja participativa, y salen 40 mesas que te llevan a una saturación y dispersión de fuerzas. La participación no es un fin, es un medio, y la han convertido en un fin. Es importante participar en los Foros, pero deben ser un órgano consultivo, donde se detecten problemas, más que instrumentos para decidir qué se va a hacer.

David Álvarez

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