Editoriales/Opinión

El «muysuyismo» del chamberilero

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Chamberí es un barrio muy suyo. Ya desde su origen como arrabal extramuros de la ciudad, este vecindario fue creando problemas al Ayuntamiento a medida que iba creciendo, además de grandes quebraderos de cabeza al urbanista Carlos María de Castro, artífice del famoso Plan del Ensanche aprobado en 1860. Preveía el Plan Castro la construcción en estas calles de un conjunto de barrios modernos, de trazado en cuadrícula, con manzanas cerradas y patios interiores, y que contara con sus propias escuelas, zonas verdes y servicios públicos.

Con lo que no contaba el urbanista fue con que se toparía con una población ya consolidada, con industrias asentadas en torno a casas bajas y con unos vecinos que no estaban dispuestos a derribar sus viviendas para abrirse a la modernización urbana que propulsaba el Plan. Tal fue su oposición y tales las protestas que acabarían por forzar la dimisión del propio Castro –si bien, según otras fuentes, fue la caída de Isabel II durante La Gloriosa la que le arrastró al cese–. Sea como fuere, lo cierto es que su sucesor se vio forzado a respetar parte de la anárquica y espontánea trama existente, especialmente en torno a la Plaza de Olavide, a costa de abandonar la idea de barrios ortogonales y con servicios idóneos. Lo dicho: muy suyos.

Tan peculiar es la personalidad del chamberilero que, como advierte el Diagnóstico comunitario recientemente publicado por el Ayuntamiento, muchos vecinos mayores y dependientes recelan de acudir a los Servicios Sociales casi por una cuestión de hidalguía, por identificar éstos con la beneficencia. De estas historias del carácter vecinal puede dar fe la Asociación El Organillo, que felizmente celebra estos días el 40 aniversario desde su legalización, y a cuyo presidente entrevistamos en este número. También saben de ello la Comunidad de Madrid y el Canal de Isabel II, a los que la presión vecinal –aliada con la judicial– terminó por torcer el brazo en el flagrante caso del Campo de Golf del Tercer Depósito.

Sirvan los párrafos precedentes como aviso a los navegantes municipales, que tan audaces reformas tienen previsto trazar en nuestros barrios. Y es que, ateniéndonos al precedente de Castro, mal haría el Consistorio en desdeñar las demandas vecinales en los temas de movilidad –tan candentes–, o en otros como el rechazo a la cesión del palacete de Alberto Aguilera a la Casa de México. Una decisión tomada por la alcaldesa Manuela Carmena de espaldas al vecindario. Por si acaso, y conociendo lo muy suyos que son por estos predios, nosotros, en el caso del embajador mexicano, nos pondríamos a buscar alternativas inmobiliarias donde ubicar “su” Casa. Con los irreductibles chamberileros, nunca se sabe.

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