Reportajes

Faemino y Cansado en la Galileo: catarsis de amor y risas

La Galileo y Faemino y Cansado son un binomio inquebrantable, pues casi tantos años lleva la sala abierta como subida a su escenario la pareja más longeva del humor español, con perdón de Los Morancos. En este primer número de ‘Chamberí 30 días’, conmemoramos el 30º aniversario de este espacio referente de las artes escénicas y la cultura, en el barrio y en todo Madrid, con ellos, unos de sus grandes protagonistas.

Es Carlos Faemino quien nos recibe, porque Javier Cansado tenía unas pruebas médicas y llega tarde. “Las ITV”, dirá Faemino al ver llegar a su compañero. Los dos son unos enamorados de la sala (Galileo, 100) y de Chamberí, imaginamos que no sólo porque estén hablando para su periódico. “La Galileo tiene, por un lado, un significado emocional, porque aquí empezamos a tener éxito de verdad, y luego, como espectador, me parece que es algo que hay que apoyar, porque es poesía pura. Por eso cuando me quieren invitar a un gin tonic, les digo: al primero me invitas, pero el segundo, lo pago”, asegura Cansado. Faemino rememora los tiempos en la sala El Foro, en Malasaña, donde empezaron, después de la calle: “Un lugar también emblemático, pero que se nos quedó pequeño. Entonces nos ofrecieron actuar aquí”.

Faemino y Cansado 1

Faemino y Cansado, en el camerino de la Sala Galileo.

Para “el alto” y más gamberro sobre el escenario de la pareja no hay ninguna sala en España como la Galileo Galilei. “Nosotros conocemos prácticamente todas, pero ésta es la mejor. No me atrevo a decir del mundo, porque sólo he salido a Londres, a Ceuta y a Portugal, que no cuenta porque es Iberia”, dice intentando ponerse serio. “Y lo es por la dirección, que es muy importante, pero también por la estética: reúne a todo tipo de gente, de cualquier estrato social, y nadie se siente desubicado. Se bebe, que eso influye en la desinhibición, pero se bebe ordenadamente, nunca hemos tenido un problema. Es una maravilla, ojalá dure 100 años… Que se visite la catedral de la Almudena y la Galileo”, explica Faemino, que se describe como un abertzale madrileño. “Yo soy muy paleto de Madrid: como oiga a alguien de fuera hablar mal de esto…, me pongo malo. Por eso no salgo de aquí ni en las vacaciones. Madrid tiene de todo y Chamberí, más”, sentencia con una sonrisa cómplice.

“El último de Chamberí”

Faemino recuerda cuando venía desde Batán a los cines de la calle de Luchana. “El Palafox tenía la pantalla más grande de Madrid… Era como venir a Broadway”. Cansado vive en Chamberí desde hace 25 años, en la calle de Isaac Peral. “Yo, no es que sea ecologista, pero me muevo siempre andando, me tengo el barrio esquilmado. Además, es genial, porque mi acera es Chamberí y la de enfrente, Moncloa: soy “el último de Chamberí”, dice “el normal (que no bajo)” del dúo. “Os voy a decir la verdad, es el mejor barrio de Madrid”.

Para Faemino, sólo tendría que haber prensa local: “Fíjate, así de tajante soy yo”, suelta. “La información total te inmoviliza. Si te enteras de que hay una inundación en Malasia, te quedas agobiado por no poder hacer nada, pero a lo mejor al vecino de abajo se le ha inundado el bar, y eso es lo importante, porque si tú eres solidario con él, la cadena hará que esa solidaridad llegue también a Malasia. A mí se me saltan las lágrimas con ‘Madrid Directo’ o cuando leo una noticia de mi barrio que me toca”. No sabemos si esto lo dice completamente en serio.

El director virtual

Cuando pasamos al aspecto creativo, Faemino nos sorprende con la idea del director virtual (“qué interesante…”, pensamos), una figura que inventaron para acabar con las polémicas (“nunca discutimos”) que suscitaba la elección de los chistes. “Nosotros no somos como los Monty Python (a los que más admiran), que llegaban a las manos. Cuando no nos ponemos de acuerdo, el primero que se acuerda de él, gana. Y entonces decimos: qué hijoputa el director…”, cuenta mientras nos reímos todos.

El espectáculo que tienen ahora se llama “¡Quien tuvo, retuvo!”, pero lejos de ofrecer una respuesta con sentido, Carlos explica que le ponen título para diferenciar un año de otro. “Nosotros generamos el espectáculo en directo, los chistes se van descubriendo en el mismo escenario…, hasta que llega un momento en que todo ha cambiado, y entonces ya tenemos un nuevo espectáculo”. Sus respuestas no dejan de sorprendernos, porque, como ellos dicen, los que están sobre el escenario son ellos en estado puro, “para bien o para mal”. “Los nombres no tienen nada que ver con los espectáculos. ¿Por qué se llama este así?, pues porque somos surrealistas”, y se queda tan ancho.

Durante sus actuaciones en la sala Galileo, se percibe una comunión entre la pareja y el público pocas veces vista. Faemino cree que es porque nunca han sido famosos como tal, porque no han tenido un distanciamiento con la gente. “Nos consideramos como unos amigos: somos el amigo que al final de la noche toma la iniciativa y suelta un chiste o hace el tonto y todos los demás se ríen, por lo que no sentimos ninguna responsabilidad. Aquí nos vamos a reír todos de todos, y como estás predispuesto a ello porque es el final de la fiesta…, entramos en una catarsis que es una catarsis de cariño, de amor y de risas”, arroja, tras lo que se produce un “ohhh” general.

Antes de salir al escenario, Faemino reza a la Virgen del Carmen, de la que es muy devoto (o eso dice), y Cansado calienta la voz (tiene un edema en las cuerdas vocales). Deben concentrarse arduamente, porque les espera una hora y media de una frenética conversación.

Cristina Sánchez

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